Qué Hacer

Tomar, Portugal, es una de las ciudades con más historia del país. Su Castillo Templario y su Convento de Cristo se convirtieron en los cuarteles nacionales de los caballeros templarios en la Edad Media, y más tarde estuvo al frente de la Orden de Cristo. La ciudad fue el hogar de Enrique el Navegante y proporcionó el estímulo y los recursos necesarios para sus exploraciones en el Nuevo Mundo durante el siglo quince.

El Convento de Cristo constituye la pieza central del histórico Tomar. La construcción de su original fortaleza monástica fue iniciada por Gualdim Pais, maestro provincial de los caballeros templarios, y fue edificada durante el transcurso de cinco siglos. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983 por su relevancia arquitectónica e histórica.


El Convento de Cristo está ubicado dentro de las murallas del Castillo Templario, que constan de un muro defensivo exterior y de una ciudadela con una torre del homenaje en su interior, y presume de muchos puntos arquitectónicos de interés. El complejo es un destino obligado para cualquier visitante de Tomar, Portugal, y proporciona un fascinante acercamiento a la historia de los caballeros templarios y a la época de exploración portuguesa.

Posada sobre una colina, a un corto paseo del Castillo Templario, se encuentra la capilla de Nossa Senhora da Conceição, un precioso ejemplo de la arquitectura portuguesa inspirada en el Renacimiento. Fue construida durante el siglo dieciséis y originariamente prevista como capilla funeraria para el rey João III, aunque él fue finalmente enterrado en Lisboa por razones políticas.

Al pie de la colina, bajo el castillo, se encuentra el centro principal de Tomar. La ciudad alardea de muchos edificios antiguos, bien conservados desde su construcción en los siglos diecisiete y dieciocho. Algunos son considerablemente más antiguos, como la iglesia de São João o la iglesia de San Juan Bautista, que está localizada en la atractiva Praça da República. Esta última iglesia restaurada se remonta a principios del siglo dieciséis y es una fina muestra de la arquitectura manuelina.

Hay mucho que hacer en Tomar más allá de sus monumentos históricos. La ciudad posee muchos sabrosos restaurantes, ofrece buenas compras y posee un precioso parque central en el que dar un tranquilo paseo durante una tarde soleada.

La campiña de alrededor ofrece mucho para ser descubierto. Alejándonos unos pocos kilómetros, encontramos el Castelo de Bode, un lago de agua dulce que fue creado en 1951, siguiendo la construcción de una gran presa situada aguas arriba. El lago es el patio de recreo para los visitantes de Tomar, que acuden en masa para bañarse en sus aguas claras y participar en todo tipo de deportes acuáticos.

Hay muchas ofertas de senderismo, numerosas pistas para bicicletas de montaña e incluso oportunidades de montar a caballo para satisfacer al más activo de los visitantes. La mezcla de contrastes entre historia y naturaleza, lo urbano y lo rural, convierte Tomar, Portugal, en una ciudad tan persuasiva que merece estar en el itinerario de cualquier visitante del país.

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